El Getafe Club de Fútbol vuelve a Europa. Y no lo hace desde la abundancia, ni desde el ruido del mercado, ni desde una plantilla diseñada para mirar de tú a tú a los grandes. Lo hace, una vez más, desde ese lugar tan propio, tan reconocible y tan difícil de explicar para quien solo mira el fútbol desde la posesión, los nombres o el presupuesto: lo hace desde el método Bordalás. El equipo azulón cerró LaLiga en séptima posición, con 51 puntos, y selló su clasificación para la próxima Conference League tras vencer 1-0 a Osasuna en la última jornada, por delante de rivales como Rayo Vallecano y Valencia.
La palabra vuelve a sonar con fuerza en el sur de Madrid: EuroGetafe. Un término que no es solo una etiqueta simpática ni una nostalgia de aquellas noches continentales frente al Ajax. Es una declaracion de identidad. El Getafe, por cuarta vez en su historia, jugará una competición europea; Será la primera vez en la Conference League y la segunda clasificación continental conseguida con José Bordalás al mando.
La noticia tiene un valor deportivo evidente, pero también una lectura mucho más profunda. Porque lo que ha conseguido Bordalás con este Getafe no se entiende únicamente mirando la tabla. Se entiende mirando el contexto. Se entiende recordando que este equipo partía sin el foco mediático, con limitaciones de plantilla, con un margen económico reducido y con una obligación inicial que parecía mucho más terrenal: salvarse. Y, sin embargo, terminó mirando hacia Europa.
Ahí aparece el “don” de José Bordalás. Ese don no es magia, aunque a veces lo parezca. No es casualidad, aunque sus críticos intenten reducirlo a supervivencia. Es una mezcla de convicción, lectura competitiva, gestión emocional, adaptación táctica y una capacidad extraordinaria para convertir plantillas cortas en equipos largos, incómodos, solidarios y mentalmente resistentes.