PRESIDENTES Y CLUBS: MODELOS DE GESTIÓN.

A mi modo de ver y después de haber conocido a bastantes dirigentes presidiendo el club de sus amores puedo decir con algún conocimiento de causa que las circunstancias que rodean esta figura clave en los clubs de fútbol limita y entorpece de forma notable el establecimiento de políticas de gestión en lo institucional a medio y largo plazo y en lo futbolístico la implantación de un estilo de juego perdurable en el tiempo que sea como el sello, la identidad y el marchamo diferenciador del equipo.

 

A ello contribuye la personalidad (en el mal sentido de la palabra) de los dirigentes que se encumbran como mandatarios máximos. La mayoría de ellos llegan con un afán de portadas, protagonismo y trascendencia desmesurados y aunque no lo confiesen todos buscan los máximos réditos mediáticos de una u otra forma. Sea el tipo de presidente forofo, el magnate acaudalado (ojito con estos) o el salvador de turno, todos ellos tienen en común que vienen a servirse del club en una u otra manera y algunos a ganar dinero y a hacer caja simplemente y llanamente, especialmente si el club que presiden es un club vendedor y favorecedor de crear un clima propicio para llevar a cabo ese tipo de operaciones.

 

La mezcla de protagonismo, prisas excesivas y necesidad de resultados inmediatos suele ser nefasta y contraria completamente al buen sentido común de hacer las cosas bien para que duren en el tiempo. Si a ello añadimos la opacidad, cuando no oscurantismo, de las cuentas de los clubs y la facilidad con que circula el dinero especialmente en los fichajes y traspasos a nadie medianamente conocedor, aficionado o cercano a su club se le escapa que el ambiente es tentador y turbio cuando menos. ¿Se ha parado a pensar amable lector en la cantidad de presidentes en las distintas categorías del fútbol profesional que acaban teniendo problemas (legales, financieros, societarios incluso penales) y deben pasar por los tribunales correspondientes?. En nuestro fútbol tenemos casos de todos los colores, como empresarios de medio pelo, gerifaltes del ladrillo, algún hombre de fútbol empeñado en descubrir el Mediterráneo a estas alturas, gestores encumbrados a los que las circunstancias han puesto ahí y algún político moviendo los hilos en la sombra de clubs qué, agradecido por favores recibidos los dejan hacer, los sientan en los palcos y hacen como que miran para otro lado.

 

Pero si hay una característica común a todos los clubs en problemas, especialmente en las categorías superiores y aún más en la élite, es que además de no haber conseguido los objetivos deseados en cuanto a resultados futbolísticos, la gestión profesional ha brillado por su ausencia. Política de inversión/gasto desmesurada, expansiva, constante y descontrolada en materias como contratación de jugadores y los correspondientes emolumentos que los profesionales llevan aparejados suelen ser el marco adecuado para que, antes o después, a veces tardando bastantes años, los clubs dirigidos por presidentes como los descritos aquí lleguen al punto final de la aventura. Los excesos convertidos en hábito y la maestría en conseguir que la rueda de gastar más de lo que se ingresa no pare con tal de aspirar y luchar por conseguir los resultados futbolísticos deseados aunque tarde, acaba mal, normalmente muy mal y si no podemos echar una rápida y melancólica ojeada y veremos cómo las divisiones de plata y otros metales no preciosos de nuestro fútbol están repletas de clubs, algunos de ellos históricos, que llevaron a cabo fielmente el tipo de actuación como el que se comenta aquí.

 

A mi modo de ver las dificultades intrínsecas y conocidas del fútbol son muy grandes y si no se le contraponen con un conocimiento profundo de qué va esto y de una gestión profesional y sensata el fracaso está asegurado. Mucho más aún en tiempo de crisis. Si tuviera que decirlo en pocas palabras diría que la mayoría de los presidentes de los clubs de fútbol no vienen de él, no lo conocen suficientemente, vienen a servirse del club en cuestión y no a servirlo y carecen de la formación necesaria y de las cualidades personales propicias para entender que su presencia al frente del mismo es limitada y temporal. Hay que tener una verdadera visión y proyecto muy aquilatado de lo se quiere hacer, rodearse de gente muy formada y profesional y los pies en el suelo para no dejarse arrastrar y a veces tragar por el torbellino de emociones, pasión y ambición que el fútbol lleva consigo.

 

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Claro que algunos motivos de esperanza hay, como por ejemplo clubs muy bien gestionados,(Villarreal), incipientes muestras de que el mundo del fútbol empieza a aplicarse el cuento de las cuentas claras y responsabilidad de los gestores, obligaciones legales y fiscales igual que todo hijo de vecino y una nueva generación de profesionales y gestores bien formados que se están incorporando para hacer las cosas mejor. Pero su tarea no será sencilla mientras el fútbol siga orientado y condicionado por dos grandes vectores: la exigencia de las aficiones convenientemente aleccionadas por unos medios para los que pedir y exigir es gratis y unos futbolistas que se llevan una parte de pastel de los ingresos del futbol cada vez mayor.

 

En próximas entradas hablaremos a fondo de cada una de estas cuestiones.

9 Objetivos para el entrenamiento del Fútbol

La clave del éxito es siempre la práctica.
entrenamiento


Todo entrenamiento debe tener unos objetivos claros para que pueda llevarnos a mejorar. Marcándonos unos objetivos reales y asequibles conseguiremos mejorar y motivar a nuestros deportistas, aprovechando así al máximo cada minuto del entrenamiento de fútbol.

 

Esto son los 9 objetivos más comunes en un entrenamiento para deportistas profesionales:

 

1. Obtener, mantener y  aumentar un desarrollo multilateral y físico.

2. Mejorar los desarrollos físicos específicos de cada deporte en particular, de cada situación o de cada momento de la temporada.

3. Perfeccionar las técnicas del deporte concreto.

4. Mejorar y perfeccionar las estrategias necesarias para tener todos los recursos posibles en el momento de competir.

5. Cultivar las cualidades volitivas y el esfuerzo y sacrificio.

6. Asegurar y procurar una preparación óptima para el equipo y para el individuo.

7. Fortalecer el estado de salud y mental de cada atleta.

8. Prevenir lesiones y terminar procesos de recuperación.

9. Incrementar el conocimiento teórico del atleta.

 

¡Cuéntanos cuáles son tus objetivos para un buen entrenamiento de fútbol!

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Modelo “Cholo”

“El Cholo” Simeone se ha convertido por derecho propio en uno de los grandes entrenadores de su historia y lo ha hecho justamente y con todo merecimiento. Seguramente terminará su periplo rojiblanco como uno de los más laureados. Creo que  no hay dudas al respecto.

 

Pero al mismo tiempo que eso es reconocido y valorado, como en el futbol nadie tiene bula y en la élite menos aún, empiezan a surgir dudas y preguntas especialmente sobre si el equipo y la institución serán capaces de mantener el nivel exigido ahí arriba y sobre si las maneras de su entrenador y jugadores y, especialmente, el tipo de fútbol que practican responderá a las expectativas levantadas y las exigencias de su afición.

 

Como club los colchoneros, después de haber sufrido el vendaval de los Gil y Gil en esta etapa de triunfos ha recogido las antipatías que han levantado el Real Madrid con su grandeza, dinero y prepotencia y el Barça con los excesos del “tiki-taka” y la “filosofía” de Guariolazen y las han convertido en simpatías y apoyo a su favor, apoyadas en un victimismo creado por el márketing y la publicidad y en los títulos logrados en esta fecunda etapa, sobre todo.

 

El estilo y tipo de fútbol que Simeone ha transmitido con éxito a su equipo y que sus jugadores siguen con entusiasmo y ardor guerrero tiene pilares que son indiscutibles, como una actitud competitiva al máximo sea quien sea el rival, especialmente si son grandes y si es el Real Madrid mucho mejor, un excelente planteamiento defensivo con dos centrales que rara vez fallan, aprovechamiento al máximo de las jugadas a balón parado y excelentes delanteros para la finalización y el gol. Siempre preparados para la batalla y la bronca, sus jugadores no llegan al “pisalo, pisalo”, pero si hace falta ahí están. Yo creo que con este bagaje va a ser difícil que compitan con los mejores de Europa y más aún sigan ganando títulos. El aficionado, tan identificado con su entrenador, de momento está entusiasmado con la idea de seguir dándolo disgustos a

 

Los merengues pero ya veremos, esto es muy largo y la competencia grande y por exigirle no va a quedar, seguro.

cholo

Simeone y el club deben tener cuidado con sus maneras en el manejo del equipo y en su actitud como entrenador en los partidos. Su “actuación” en la final de Copa fue  deplorable en todos los sentidos. No creo que nadie piense como dijo Simeone que “había sido fruto de la ansiedad de las primeras jornadas”, creo más bien que ese es su estilo, su ADN, lo era como jugador (¡¡aquella entrada a Julen Guerrero¡¡) y lo es como entrenador. Eso es lo que transmite y con lo que mentaliza al máximo a sus jugadores, sintonizando como nadie con la grada colchonera, que de momento disfruta las  mieles del triunfo. Pero, en una época y en un momento social en que se cuidan las formas hasta la estupidez y la banalidad, también en el futbol y al dictado de la imagen lo más televisiva posible, hay que tener cuidado y ser “correcto” y Simeone no lo fue.

 

Es más, fue un tratado de incorrecciones deportivas y futbolísticas y aunque hasta ahora ese estilo ha sido muy rentable pudiera ser que empezara a volverse contra él y su equipo. No es casualidad que en los dos últimos títulos disputados haya sido expulsado y dejara un mal sabor de boca al final de los trascendentales partidos……..¡¡qué casualidad¡¡…. los dos contra su eterno rival.

 
Como resumen dejo para el amable lector que lea estas líneas dos preguntas:

     

  • ¿Pagaría Vd una entrada para ver jugar al At Madrid si no es colchonero?
  • ¿Cree que se mide con la misma vara el fútbol practicado por los del Manzanares que otros grandes? Y si fuera así, ¿por qué?

 

Dejamos esas respuestas para otro día.

 

Autor: Eduardo Silva

Comunicación entrenador-jugador/es

Las formas de entrenar y de comunicarse con los jugadores han ido evolucionando. La búsqueda del máximo rendimiento deportivo ha desterrado métodos en los que se trataban a los jugadores como robots, por otros en los que se les da libertad de acción, en los que se fomenta la toma de decisiones y el desarrollo de la inteligencia.

 

Lo que no se ha trabajado en siete días, difícilmente se puede conseguir en noventa minutos. Por ello es casi imposible que se consiga lo deseado por mucho que un entrenador desde la banda se desgañite dando instrucciones o dirigiendo como si estuviese jugando un partido de un videojuego.

 

Para que los jugadores hagan lo que el entrenador propone siempre es más recomendable convencer que imponer. El jugador que juega bajo imposiciones, presión, miedo, etc jamás podrá rendir al cien por cien. El lenguaje negativo, por otra parte, conlleva en ocasiones bloqueos mentales. Si un delantero se le dice “que malo eres” cada vez que falla un gol y se le recrimina, es más que probable que se le termine por crear una barrera limitadora. Cada vez que vaya a tirar a puerta el primer pensamiento que le venga a la mente sea el entrenador recriminándole si falla, o sea que lo va a fallar porque es muy malo, etc… el resultado seguramente será que no marcará gol.

 

Cuando ese lenguaje negativo se convierte en una verbalización interna, (el jugador termina por pensar que es malo, es un inútil) afectará al rendimiento, puesto que los pensamientos negativos afectan a los sentimientos y estos a las acciones. Los comportamientos se ven influenciados por los pensamientos.

 

El lenguaje afecta a la autoestima, la autovaloración y la autoconfianza estás a su vez afectan a la motivación. El déficit en estos factores produce desconcentración, estrés, ansiedad. El entrenador influye directamente en todos ellos, para bien o para mal.

 

El lenguaje y la comunicación entre el entrenador y los jugadores es fundamental en la búsqueda de la excelencia deportiva. Por ello es necesario en muchas ocasiones que el proceso de coaching deportivo comience por el propio entrenador, más que en el grupo.

 

Dividamos la comunicación entrenador-jugador/es en cinco escenarios:

 

-Entrenamiento

-Prepartido

-Durante el Partido

-Descanso

-Post partido

 

ENTRENAMIENTOS

 

Durante los entrenamientos es cuando más debe hablar el entrenador. Siempre intentando utilizar un lenguaje positivo. Explicaciones claras y breves. Corrigiendo y animando cuando se comenten errores. Las explicaciones largas conllevan que se pierda la concentración de los receptores (jugadores) y que se de información de más, información innecesaria para el fin buscado.

 

PREPARTIDO

 

Antes del partido hay que recordar brevemente lo que se ha trabajado durante la semana, lo que buscamos conseguir. La charla táctica debe ser breve, el trabajo ya está hecho durante la semana. La charla prepartido debe ser principalmente motivacional.

 

DURANTE EL PARTIDO

 

Durante los partidos se debe reflejar lo trabajado durante la semana, no se puede pedir más ni menos. En el fútbol actual se debe fomentar la toma de decisiones en el jugador desde temprana edad, por lo que es conveniente que durante los partidos los jugadores sean los que deciden y el entrenador se comunique con ellos con dos objetivos primordiales:

 

-Corregir posicionamientos o modificarlos

-Animar/Motivar

 

professional sport manager and coach

DESCANSO

 

Si en 90 minutos es imposible conseguir lo que no hemos trabajado en siete días, en quince minutos menos. Si buscamos sacar el mayor rendimiento del grupo estos minutos se deben utilizar para reforzamientos positivos y motivacionales. Existen muchas teorías, unas defienden que se debe aprovechar al cien por cien esos minutos. Personalmente considero que se debe dividir en 4 fases.

 

Una primera de descanso real, en la que los jugadores se rehidraten, bajen sus pulsaciones, y en el que se intente que no se hable absolutamente nada sobre el partido. Se encuentran en un estado físico en el que todo se magnifica para bien (si el equipo va ganando), como para mal (si el equipo va perdiendo). Por ello es conveniente 3-5 minutos de reposo absoluto.

 

Una segunda fase para destacar los aspectos positivos. Se gane o se pierda siempre habrá algo que se está haciendo bien o conforme a lo trabajado. Si el equipo va ganando sirve para hacer consciente al grupo de que se debe seguir haciendo ese trabajo. Si el equipo va perdiendo actúa como reforzamiento positivo, como punto de partida para seguir mejorando.

 

Una tercera fase para corregir los aspectos negativos. Siempre con vocabulario positivo, y refiriéndonos al grupo. Corregimos errores tácticos, los errores técnicos no tienen sentido ser corregidos en ese momento. Como siempre, las explicaciones tienen que ser breves y claras.

 

Una cuarta fase que la utilizamos para motivar al equipo.

 

POST PARTIDO

 

Esta charla sería similar en cuanto a su estructura, a la que se ofrece en el descanso. Algunos entrenadores prefieren darla tras la ducha, otros en el bus y otros en el primer entrenamiento después del partido. Hay entrenadores que sólo dan la charla cuando ganan. Otros sólo cuando pierden.

 

Lo ideal es cuando el equipo se encuentre calmado, tras el partido las sensaciones para bien o para mal se magnifican. Si se decide dar tras la ducha o en el bus, se debe comenzar con lo que se hizo bien, posteriormente  comentar los errores que hemos cometido y finalmente motivar de cara al trabajo que se debe seguir haciendo. Personalmente considero una buena táctica intentar que una vez terminado el partido no se hable nada del mismo, es la forma de darlo por terminado. Y durante la semana reforzar y corregir lo que se ha visto en el mismo. No decir nada, se gane o se pierda. Pero sea cual sea la opción elegida, utilizar un lenguaje positivo.

 

Autor: Iván Chaves